miércoles, 20 de junio de 2007

VIERNES



VIERNES


“El deber del escritor, del poeta, no consiste en irse a encerrar cobardemente en un texto, un libro, una revista de donde nunca más saldrá, sino por el contrario, salir fuera para sacudir, para atacar al espíritu público, de lo contrario ¿para qué sirve? ¿Y por qué ha nacido?

Antonin Artaud.


“La poesía es violencia contra el uso cristalizado de la lengua”

Jacques Lacan.


Cada vez es más firme mi convicción de que ciertos sucesos nos abren a dimensiones insospechadas. La lógica previsible y cotidiana no es compacta: a veces tropezamos con una grieta, para alegría de nuestras fuerzas domesticadas.
Un corte de luz en una institución literaria encendió la chispa. Ante el desconcierto de los poetas, alguien propuso trasladarse a un café cercano, y realizar allí la lectura de poesía programada para ese viernes.
Desde la puerta, el Melody me resultó sospechoso. Las mesas vacías en un bar pequeño, la estética del nombre, en fin...
Después de algunos cabildeos, entramos. La camarera agrupó las mesas con desgano y los poetas se sentaron. Los mayores juntos, algún adolescente en el medio y en otra mesa, el grupo de mediana edad.
Las señoras elegantemente vestidas rodearon a la Poeta Mayor, quien luego de una breve presentación, comenzó su lectura. Desafortunadamente, eligió en primer lugar el prólogo de uno de sus libros, plagado de elogios. Este hecho dejó atónito al resto de los asistentes: ¿quién osaría admitir, ante tantas alabanzas, su aburrimiento?
La camarera iba y venía con los pedidos, apoyando sobre la mesa vasos y tazas con una delicadeza ausente. Alguien le sugirió la posibilidad de bajar la música, hasta entonces apenas un sonido entre las bocinas y el rumor de los autos en la calle.
Pero el sonido subió, revelándose como una auténtica FM con comentarios y publicidad intercalados. Fue entonces que la máquina de café entró en escena. Un ruido insoportable se incorporó al ambiente, y empezaron algunos cuchicheos.
A todo esto, la Poeta Mayor se deleitaba con su propia voz, en un mundo cerrado donde sólo ella estaba. De mala gana cedió su lugar a una chica que leyó, con voz entonada, unos poemas que parecían buenos, si no fuera porque apenas se escuchaban.
La provocación era inocultable. El sonido de la radio había subido dos tonos, y la máquina de café era prendida a intervalos regulares (cada minuto, aproximadamente).
Las caras se iban enrojeciendo. Entre el dueño del bar y la camarera las miradas eran cómplices.
Vino el turno de Javier. “A pesar del contexto irrespetuoso, voy a tratar de hacerme oír”- anticipó de entrada, y su voz se elevó sobre el ruido imperante como una bandera.
Sentí un placer inmenso. “El grito de Artaud” – pensé un segundo.
A partir de ese momento, los hechos se precipitaron. Desde la única mesa ocupada en el fondo se levantó una mujer y se dirigió hacia la puerta, intentando salir. La silla de Javier se lo impidió. El dueño del bar, desencajado y vulgar, se desgañitaba: “¡Señor, señor!”.
Pero la puerta no se abría.¿Sordera, contra-provocación?. Poco importaba. Javier seguía gritando su bello poema, y un aire de triunfo flotaba entre las mesas del Melody.
Recuperando la voz, los poetas se levantaron, desafiantes. Con una velocidad inusitada, se arrojaron sobre el dueño del bar, quien se defendía vociferando...
Algún cenicero voló, quizá una servilleta. Javier se levantó con una sonrisa, en medio de la confusión general.
Entre indignada y divertida, salí a la calle con los otros. Se había producido un acontecimiento. El orden público había sido quebrado, por fin. Llegué a pensar, parafraseando a Lacan, que la poesía también es violencia contra el uso cristalizado... de los bares.
Iluminando la escena, la luna se abría paso en el cielo de noviembre. Algunos de nosotros, Javier a la cabeza, enfilamos hacia una plaza cercana.
Uno a uno leímos los poemas, bajo los árboles de una noche hospitalaria.


Liliana Piñeiro.

1 comentario:

arqueck dijo...

Yo creo que si quedo en coma cuatro y alguien me respira la frase de artaud a una cuadra, yo me despierto.


Eso es vida.