jueves, 1 de mayo de 2008

PAVOR DE CANDELABROS: JACOBO FIJMAN

Extracción de la piedra de la locura
De “Molino Rojo”:


CANTO DEL CISNE

Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

ALDEA

Mi blanca soledad aldea
abandonada.
Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.
Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.
Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.
Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.
En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.
Perdí mi itinerario en el desierto.
¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!
En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos
contemplativas
que van perdiendo soles...


BARRIO

Barrio apartado;
bandada de colores
de las ventanas de las casas.
Silencio cruzado de brazos
ante la luna.
Sobre los árboles
embalsamados de cordialidad,
aromadas de estrellas
se trepan las callejas.
¡Dulzura!
Nada interroga.
Se está y no se está en sí mismo
muy limpio y ancho.
Y todo es tan lejano y puro
que una nueva inocencia nos consuela!
¿He salido a buscar
juguetes
para los niños?
Barrio apartado:
paisaje de estampas y de estrellas.


VÍSPERAS

Toque de vísperas de fiestas.
Presentimientos.
Mi corazón es blanco de ternura.
¡Solemnidad!
Hablamos en voz baja.
Un árbol canta como un niño
piadoso
todo blanco de estrellas.
Mi corazón es blanco de ternura.


MAÑANA DE SOL

Tañía el sol sus llamas
en los cántaros húmedos del viento
de rocío y paisaje
que alargaba el elástico sendero.
Desentumecimientos.
Carnes del trigo;
espigas en mis manos.
Jadean los aromas;
temblequea cual besos los caminos.
Silencios verdes de los bosques rojos
apretados de gozo y alegría.
¡Enloquece en mis ojos la mañana!

OCASOS

Ocasos turbios de violeta.
Reliquias. Devociones.
Caras amortiguadas.
Nostalgias
descoloridas.
¡El mar se acoge en mis matices;
cierra su boca atardecida y fría!
El timbre de mis ojos
esparce intimidad.
Mi piedad de rodillas
se arroba en los suspiros del ocaso
(palomas de violeta)
¡Mis manos palpan el color de misa!


CREPÚSCULO

Ponderan los ocasos gustos violetas.
Un árbol negro, un árbol blanco, un árbol verde
cuelgan sus blusas
en la inmovilidad.
Ha cerrado sus párpados el viento.
Luces deshechas;
pétalos estrujados
en superposiciones.
Ponderan los ocasos gustos violetas.


De Estrella de la Mañana:

I

Los ojos mueren en la alegría de la visión
desnuda de carne y de palabras,
en la tierra desnuda y en el cielo desnudo,
en el día desnudo y en la noche desnuda bajo los
cielos todo crecidos.
Es demasiado bella la noche de oro de muros y
banderas luminosas.
Corremos en la noche de plata bajo la noche de
oro.
Tierra desnuda, tierra perfecta, cielo desnudo,
cielo perfecto.
Voces desnudas de la voz eterna.
En la noche de oro nos llaman las campanas,
y oímos el vuelo de las palomas desde la noche de
plata bajo la noche de oro.


II

¡Levantaron las albas sus sentidos en el día de mi
pavor con su noche de
muerte.
Pavor de días y secretos de días.
Recogemos aromas de los días en el misterio de
los misterios.
Caen los muros.
Veo la tierra sabrosa de vida y muerte.
Y sobre mí lloraron las criaturas y cantaron los
niños cantores
Los ejércitos de la gracia desnudaron espadas
ante
el alba.


VI

Ha caído mi voz, mi última voz, que aún guarda mi nombre.
Mi voz:
Pequeña línea, pequeña canción que nos separa de las cosas.
Estamos lejos de mi voz y el mundo, vestidos de humedades blancas.
Estamos en el mundo y con los ojos en la noche.
Mi voz es fría y sucia como la piel de los muertos.


VII

Roe mi frente dura
el lobo de la media noche.
Una escondida estrella arrima su sosiego.
Entre todos los soles ya se me canta aceite de júbilos.
Siento en mis manos venir la estrella de la mañana.


XXXI

En mi gemido
conté mi soledad envejecida; conté todas las noches de mis días.
Mis huesos cantan el misterio del mundo.
El agua perturbada de mi reposo.
Me veo en mi gemido según pavores de inocencia.
Paz, paz:
oído de mis palabras.
El ruego alcanza oído a mis palabras
carne sanada;
y hay espanto de luz en nuestras manos.


Jacobo Fijman

JACOBO FIJMAN: BIOGRAFÍA



Nace el 25 de enero de 1898, en Besarabia (hoy Rumania) bajo el Imperio Ruso que dura para él casi un lustro. En 1902 sus padres deciden emigrar a la Argentina. En un principio la familia deambula por el sur argentino. Más tarde se establecen en Lobos, provincia de Buenos Aires. En 1917 concluye sus estudios secundarios y se radica en Capital Federal. Ingresa en el Profesorado de Lenguas Vivas y comienza una profunda formación cultural. Se especializa en filosofía antigua, griego y latín. Además adquiere conocimientos en leyes y matemáticas. Su pasión por el violín y la música clásica lo acerca, en un primer momento, al compositor y violinista italiano Arcangelo Corelli, y luego, a la espiritualidad de los cantos gregorianos.

Trabaja escasos meses como profesor de francés en el Liceo de Señoritas de Belgrano y hundido en una oscura crisis emprende un viaje por todo el país, donde se gana la vida como músico ambulante. Tiene 21 años. Sus primeros poemas ya tienen forma y estilo. El próximo paraje es el Chaco Paraguayo: allí se emplea como peón en un aserradero. A su retorno en 1920 a Buenos Aires, es ferozmente golpeado tras un confuso episodio en la puerta de la comisaría 4ta. Fijman suplica desde el suelo diciendo: ¡Soy el Cristo Rojo... no me peguen, no me peguen!, pero es detenido y llevado a la cárcel de Villa Devoto. Luego de una serie de maltratos es trasladado al Hospicio de las Mercedes. Ingresa el 17 de enero de 1921 y permanece hasta el 26 de julio del mismo año. Dentro del hospicio es sometido a castigos corporales y descargas de electroshock.

A su salida del hospicio Fijman enfrenta una cruda realidad. Sin embargo su fuerza poética puede con el desánimo y logra publicar una serie de notas en el semanario Mundo Argentino y en la revista israelita, Vida Nuestra.

En 1923 un grupo de escritores jóvenes encabezado por Oliverio Girondo, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal, promueven la revista Martín Fierro, de arte y crítica libre. Tres años más tarde, Fijman es invitado por Marechal a unirse a los martinfierristas. El 1 de septiembre de 1926, publica Molino Rojo. Su primer libro de poemas, aparece en un momento de gran inestabilidad social y política. El título es inmediatamente asociado a los movimientos anarquistas y socialistas. Por el contrario, Fijman buscaba dos palabras que unidas representaran "esos estados del alma" - como le gustaba decir -, donde habitaban los fantasmas, el espanto de su internación dentro del hospicio y la abominable postración de un hombre que hallaba en la demencia un instancia poética muy superior a la de cualquier mortal

Camina. Cada tanto lo detienen las verdades. Impresionado por los maestros clásicos de la pintura religiosa y por la vuelta a la filosofía escolástica (Aristóteles), agudiza su crisis con el mundo real. Es entonces cuando Natalio Botana, director del diario Crítica, convoca a los mayores exponentes del grupo Martín Fierro y junto a Enrique Pichón Riviere, dan forma a las columnas de arte y cultura.

Del otro lado del Atlántico, el surrealismo, surgido en 1924, está en su apogeo. París es el parnaso de la cultura. Poco antes de su viaje a Francia, Fijman relata: "Un presagio me inquieta: si el barco naufragara en el camino a Europa sufriría dos tragedias: el cambiarme las medias y lavarme la ropa". Desembarca en París junto a su amigo Antonio Vallejo y una noche conoce a varios de los precursores del nuevo movimiento. "Nos citamos para leer poemas, estaban Breton, Desnos, Eluard...". Pero su incipiente delirio místico lo distancia de los franceses. "Con Artaud nos conocimos en un café, en la Coupole. Estuvimos a punto de pelearnos. Yo me identificaba con Dios y Artaud con el diablo. Y el Conde de Lautréamont era un loco perverso. Se había entregado a los vicios y hacía con ellos poesía".

El largo viaje parece concluir y envuelto en una gran confusión teológica cruza nuevamente el océano. Vive en la indigencia. "Sus bolsillos abultados, llevaban un rosario, un catálogo que reproducía las vírgenes del Louvre, y algunas estampas de santos"- narra el escritor Juan Jacobo Bajarlía. En 1929, es bautizado y convertido al catolicismo. Ese mismo año publica su segundo libro Hecho de estampas, que es bien recibido.

Al comienzo del `30, realiza un nuevo viaje a Europa, en un frustrado intento para ordenarse como sacerdote y hacer una completa vida penitencial. A su regreso escribe diversas notas en la revista católica Número, en la que se destaca Ciudades más ciudades, relato en el que expresa su encantamiento por una sobrina de Oliverio Girondo: "Mañana iré a Bruselas con González Cháves. Ciudades más ciudades y ciudades muertas sobre la imagen de las personas dinámicas. Pero de cualquier manera tengo que huir, huir de Teresa, de mi amor por Teresa".

En el transcurso de 1931, edita su tercer y definitivo libro, Estrella de la Mañana. La Argentina es gobernada por la dictadura de José Felix Uriburu y la presencia militar en las calles es una constante. "El libro, corresponde a la época más oscura que he conocido en este país. La gente era perseguida de la manera prevista por el Apocalipsis".

Luego del cierre de Número, su situación económica se agrava. Vive en conventillos y por las noches toca el violín en tugurios para poder subsistir. Nadie sabe de él. Un día aparece fugazmente en el velatorio de su madre.

En la primavera de 1942, la Policía Federal allana el altillo en el que solía pasar sus días. El Acta policial sentencia: "afectado de alienación mental". De allí lo conducen a Villa Devoto y luego al Instituto Neuropsiquiátrico José T. Borda (Buenos Aires), donde permanecerá hasta el día de su muerte. Según los médicos padece de una "psicosis distímica". Vive en la más absoluta miseria y la mayoría de los amigos de su generación lo han abandonado. Dentro del hospicio es ultrajado. Al respecto, Fijman ironiza: "Me aplicaron electroshock. Se ve que querían sacarme la enfermedad del cuerpo".

A pesar del estado de quietud mental al que lo someten, el poeta despliega toda su fastuosa inventiva en poemas sacros y dibujos en pastel. Dedica la mayor parte del día al estudio de los teólogos antiguos y a la lectura de otras disciplinas Escribe y pinta, para echar a patadas a todos esos animales que ríen en su cabeza y no lo dejan dormir.

En el año 1948, Leopoldo Marechal lo incluye junto al pintor Xul Solar y al escritor Macedonio Fernández en su mítico libro, Adán Buenosayres. Aquel extraño habitante de la noche parisina, que volvía de sus largas caminatas con una crónica inusual sobre algún aspecto de la ciudad, era ahora Samuel Tesler, un personaje crecido en la fealdad y la sabiduría.

La segunda mitad del siglo viene arropado en penas. Por las mañanas concurre a la Biblioteca Nacional, en donde pasa horas meditando y leyendo poesía antigua. No tiene amigos, ni refugios. Todos los que lo han olvidado saben perfectamente que está loco. Que vive apasionadamente su amor por la Virgen María y que por las noches conversa con ángeles y demonios.

En el año 1958 asiste a la Sociedad Argentina de Escritores, donde aparentemente cobra una pensión tramitada en la entidad. Sus días se parecen a todos los días. Sale del pabellón. Baja hasta el salón principal. Se sienta frente a unas largas mesas y comienza a escribir o a pintar durante horas. Aunque es incluido en las Enciclopedias y colecciones de literatura Argentina, es cruelmente ignorado, y ningún escritor de su generación sabe a ciencia cierta dónde está.

A partir de 1968, la vida del viejo poeta, quedará marcada por la presencia del escritor y abogado Vicente Zito Lema, a quien Fijman concederá los más lúcidos conceptos sobre el arte y la locura y en quien depositará uno de sus máximos temores. "Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso digno. Además va a estar ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó".

Luego de una extensa lucha, Zito Lema es nombrado curador de Fijman, cargo que le permite llevarlo a vivir los fines de semana a su propia casa. En 1969, un grupo de personas, encabezadas por el joven tutor del poeta, edita el primer número de la revista Talismán (íntegramente dedicada a Fijman) y a mediados de año aparecen en la revista Extra, una serie de notas firmadas por el propio Fijman.

La dictadura de Onganía agoniza, la idea de una Argentina más próspera es sólo una ilusión y la violencia recrudece. Al año siguiente, Fijman es invitado al programa de televisión "La Ciudad Creadora", emitido por Canal 7. Lo acompaña, entre otros el actor Federico Luppi. En un momento dado sucede algo impensado. Fijman alza la vista, acaso como si hubiera visto la luna que tanto amaba, y dice: "Tengo que contar un secreto que llevo toda la vida conmigo". Las cámaras lo buscan, quieren el mejor plano. Hay expectativa, y como un golpe en pleno rostro, afirma: "todos los domingos, en misa, los sacerdotes comen mierda". El silencio recorre el estudio y la tensión se hace insoportable. El poeta acaba de propiciar la más fulminante declaración escuchada, por aquellos años, en un medio del Estado. Y lo sabe. Como también es consciente de que la muerte está a pasos de hacerle la última zancadilla "¿Se ocupará de mi cuando muera? Sáqueme a toda prisa de la morgue. No dejen que me destrocen. ¿Me lo promete?"- le suplica a su amigo Vicente Zito Lema.

"Poeta", Jacobo Fijman: así lo registran las necrológicas de los diarios del 1 de diciembre de 1970. Tenía 72 años, tres libros publicados, un cuaderno con dibujos y lo puesto. Nada más.




Leonardo Iglesias
www.critica.cl

jueves, 17 de abril de 2008

Bafici: La orilla que se abisma


Gracia secreta

Frente a la propuesta estética de películas como “La orilla que se abisma” (Gustavo Fontán- 2008) cabría preguntarse nuevamente qué es el arte. Cuál sería la diferencia, por ejemplo, entre ver un campo de girasoles y contemplarlos en un cuadro de Van Gogh. Evidentemente, algo se agrega: la pulsión de la pincelada, un amarillo fogoso, una vida que se duplica diferente, una manera de mirarla. Un plus que nos emociona porque precisamente es eso: un afecto que arrasa la mirada y la cualifica. Los girasoles desbordan, entonces.
Algo de eso sucede con esta película: nos deja a la orilla de la naturaleza. Y tan pequeños frente al abismo. Fecundo momento en el que todo se aquieta: los enigmas siempre nos detienen.

Gracia secreta de
esta mañana.
El cielo es un vapor
dulce.
Los árboles, la brisa, los pájaros,
sienten esta delicia suspendida.
Se sienten ellos dentro de esta sensitiva
dicha íntima y fresca.
Y apenas si se mueven, tiemblan, cantan,
como guardando el sueño perlado de la luz.*

Y entonces, el cine apela a sus recursos: los sonidos que se ensamblan, cierto montaje, el tiempo de una toma. La cámara es una hendija que nos invita a mirar, a escuchar. En un efecto multiplicador, todo canta y los sentidos se afinan. Texturas: de lo sólido a lo evanescente. Del tronco rugoso de un árbol a la niebla que lo esfuma. Del sonido del río a una pequeña variación de color en el cielo. Del temblor de los árboles frente a la tormenta al fugaz encuentro entre una gota de lluvia y su hoja. Una bruma envuelve al hombre y su barca, y lo deja expuesto definitivamente al paisaje...Maravillas de un guión antiguo, que debemos descubrir cada vez.
De la poesía al cine, lo inefable sigue su curso, resistente a toda traducción. Y en eso consiste la felicidad de los bordes: entrever apenas un misterio que nos excede.


Liliana Piñeiro.


* Juan L. Ortiz: "En el aura del sauce".

sábado, 29 de marzo de 2008

EL AZUL CIELO DE TUS OJOS

"Pudorosa" Obra de Mariana Volponi
expuesta en la muestra Combi


Melancólicas sonrisas iluminaban los ojos de aquella estatua con piel que sostenía la vida.
Quería regalarles el saber y la experiencia; contarles lo que significaba tener una familia. Cada uno ocupaba su lugar, eran pequeñas piezas de su mundo amar-molado, sin asperezas.
No eran juguetes sino los pupilos del alba, patitos que llevaba detrás.
Escondía sus ojos en gafas transparentes que causaban el efecto opuesto, los hacían llamativos, vívidos y penetrantes, humanos, y queribles.
Se la veía descansando, siempre todo estaba hecho.
Se la veía frente al mate y la pava una y otra vez, era su ritual, su mito.
Era redonda, porque era perfecta, tan así como la mesita azul circular que sacábamos al patio para jugar a las cartas.
Cajas transparentes de acrílico que encerraban cartas gastadas con olor a viejo pero con contenidas sensaciones de sus manos de alpaca.
El círculo del aura de sus hombros delineaba la rosada robustez que marcaba la pudorosa huella de los días sobre cielos entrelazados de parra y sombra.
Escalones de asombro nosotros tres escalábamos cuando contaba el pozo de la canasta.
Su vida era inmensa y contagiosa.
Un perfecto te con limón en las tardes de invierno y una exquisita sopa al llegar la noche. Adorablemente amable y risueña escondida en aspecto dictador y alemanote de inmensidad mezclada con elegancia.
Usaba chal, tenía juanetes y un lugar exclusivo de “terapia” para sus helechos. Era rosada y coqueta, con uñas siempre pintadas. En verano frutas y jazmines recién cortados.
La medida, la palabra justa y equilibrada en el momento perfecto.
Pero un día enfermó.

Derrumbándonos todos como piezas de dominó bien acomodadas, comenzamos a caer en cámara lenta… junto con ella.
Su tres de corazones era para sus nietos. Sus colores para sus hijas y sus ojos profundos e infinitos para sus hijos muertos.
Comenzó teniendo imágenes confusas, sobre personas y perros que venían a buscarla, era negro. Vio a todos sus hermanos que no estaban, invitándola a una cena sospechosa y poco común. Ya tenía dificultad para respirar.
Luego, unos tosidos extraños imitando Lobos Marinos en agonía.
Así como la falta de aire se apoderaba de ella extendió sus manos, flacas e insomnes, llenas de poca vida y sostuvo con gran delicadeza a sus dos hijas.
Luego de algún minuto interminable poco a poco decidió que ya no quería ver y cerró por última vez sus párpados, bajó esas preciosas persianas y nos privó de ver por última vez sus hermosos ojos infinitos. Dolía. Pero hizo bien, porque ya no tenían vida.
Luego todo fue llanto y desolación, jazmines sin perfumes, rosas deshojadas, marchitas, sin razón. Ya no estaba su eterna investidura de mármol, no ya las tardes de magias y cartas.
Ya no los té perfectos, no más los pozos de canasta, no la sopa caliente ni los estofados de domingo. Ya no dolían los juanetes, ya no respiraba (con dificultad). No respiraba.
Ya no existía terapia para sus helechos, ahora todos debían morir.
Ya no estabas aquí.

Nuestro consuelo quizás fue pura ilusión, pensamos que tuviste la muerte que deseaste, que como nos enseñaste, todos tienen lo que merecen.
A ti te tocaba lo más hermoso en la vida de una madre. Viste el rostro de tus dos hijas al cerrar los ojos a ésta vida y viste el rostro de tus dos hijos varones al entrar en la eterna siesta del alma, en campos del Señor, donde pertenecía el azul cielo de tus ojos.


Vanesa Aldunate

A Carmen Haberkorn

viernes, 14 de marzo de 2008

CYTEEN: EL PRECIO DE LA ETERNIDAD



Alcanzar la vida eterna. O por lo menos, la juventud eterna. Desde lo profundo de la Historia es el deseo primero y último, el que empuja a los hombres a la hazaña. Gilgamesh fue en busca de los mismos dioses para robarles el secreto de la inmortalidad. Fausto vendió su alma a cambio de juventud. Más de tres mil años separan al gran poeta anónimo del gran Goethe, pero el conflicto es el mismo: perdurar, a cualquier costo.. Por supuesto, la inmortalidad ya estaba más o menos prevista. "Creced y multiplicaos", "el llamado de la especie" y demás que nos hacen transmitir nuestra carga genética de generación en generación. Pero al humano no le basta con asegurar la continuidad de la especie: pretende la continuidad del individuo. Se anhela la eternidad de la carne. La materia ante todo.
Tan atractivo resulta ese estilo de inmortalidad que empujó a la ciencia a arrasar con sus propias fronteras. Así, lo que en una época fue literatura de ciencia-ficción, Crick y Watson demostraron que era nada más que química; Wilmut y Campbell dieron un paso más adelante y consiguieron replicar exactamente a Dolly desde el primer hasta el último nucleótido mediante lo que conocemos como clonación (del griego "klon": retoño). ¿Un pie en el umbral de la eternidad? Casi. Dejando de lado los molestos pruritos éticos y morales, podríamos arriesgarnos a decir que la eternización de los seres humanos está al alcance de la mano. Por lo menos, en su constitución genética o genotipo y su aspecto exterior o fenotipo. Conociendo a la especie, podemos asegurar que vamos por el buen (?) camino: hemos logrado fotocopiarnos.
Sólo que el fascsímil no basta. Es nada más que una "réplica parental", según la definición de C.J.Cherryh. Y no alcanza. Para que el ser perdure, debe perdurar también la mente. ¿Se puede clonar la mente? Se puede intentar. El programa no es sencillo ni económico. Deben reproducirse con precisión todos y cada uno de los instantes de la vida del "original", hasta los detalles nimios de un resfrío, una menarca temprana y una madre castradora o permisiva. Forzar su ocurrencia, si es necesario, para que la "réplica" se convierta en un nuevo "original", con toda la carga completa de experiencias que lo convierten en su antecesor. No tu padre o madre; ni siquiera un gemelo. Se trata de convertirte en la misma persona, con idénticas ideas, sentimientos, vicios y virtudes. Literalmente, renacer. Hemos atrapado a la eternidad.
Pero, ¿a qué precio? ¿Dónde queda el libre albedrío, si nos vemos obligados a revivir una y otra vez la vida del "original"? ¿Cuándo comienza la vida del nuevo ser, si debe repetir sin lugar a error la de otro a quien sucede? ¿Cómo escapar a esa planificación absoluta? El razonamiento del planificador es impecable y no habría modo de escapar, salvo por un pequeñísimo error. El error de Kant.
Sí, es cierto que nuestra percepción del mundo nos dice cómo es el mundo y que ella es la que genera el tiempo y la condición. No sabemos si somos la mariposa que soñó ser un hombre o el hombre que soñó que era mariposa, porque nuestros sentidos podrían estar engañándonos eternamente y nosotros no comprenderlo jamás. Pero hay algo respecto de lo cual es imposible engañarnos: nosotros mismos. Tenemos la experiencia directa, que no depende de nuestra percepción del exterior. Esa percepción sin intermediarios en la que en definitiva, dicta cómo somos, qué hacemos y cómo reaccionamos ante los estímulos que provienen de esa realidad individual que nos da nuestra percepción consciente. Se le escapó a Kant, lo pensó Schopenhauer, lo confirmó Freud.
Ese es el defecto que hará que la "réplica" sea, finalmente, distinta al "original". Que no respete sus deseos; que tenga nuevas ideas, diferentes, opuestas. Que, incluso, posea una moral y una comprensión de los hechos completamente diversas a las de su antecesor.
Esa es la lección de "Cyteen": la eternidad no tiene sentido para los humanos. No lo tiene porque de otro modo no habría evolución. Evolucionamos porque somos imperfectos y mortales. Intentamos mejorarnos con cada paso que da la especie, natural o artificial, pero siempre queremos más, nada más que porque no somos perfectos. La perfección es estasis; la inmortalidad y la eterna juventud son perfección. La perfección no crea, no avanza, no se reproduce. No necesita de clones. La evolución seguirá valiéndose de herramientas que ahora quizás nos parezcan inmorales o antiéticas, pero no se cortará los pies a sí misma.
¿Demasiada filosofía para un libro de ciencia-ficción? Es que la ciencia-ficción es hija dilecta de la filosofía, porque nadie es tan osado u osada como para responder a la pregunta por las causas primeras con el futuro, en lugar del pasado.
Cherryh propone en “Cyteen” un futuro humano probable y sin embargo, totalmente ajeno al de la madre Tierra. Un futuro en la que en el planeta natal queda poco espacio y ya hay generaciones que nacieron en el espacio exterior, muy lejos del sistema original, y con las mismas necesidades básicas que en la Tierra: crecer y multiplicarse para prosperar. La población natural y sus formas habituales de reproducción no son suficientes para poblar mundos hostiles, y se recurre a los úteros mecánicos y a la clonación de humanos y “azis”. Los azis también son tan de carne y hueso, y tan clones y objeto de manipulación genética como los humanos, pero la diferencia fundamental con éstos es su educación: reciben información a partir de programas específicos desde el mismo momento de su nacimiento. Semejante formación — que genera desde sirvientes de escasas luces y emociones estables hasta genios al borde de la locura, pasando por ejércitos soberbiamente preparados para exterminar y sobrevivir — no exime a los azis se ser “propiedad privada” de sus amos humanos. Son el equivalente futurístico de los siervos de la gleba, con amos que, si lo desean, gozan inclusive del derecho de pernada.
En tanto, los humanos continúan creciendo en un ambiente que los llena de estímulos al azar, lleno de situaciones inesperadas de prueba-y-error. Eso es lo que les otorga esa inasible diferencia cualitativa, lo que les da el don supremo de la toma de decisión en lo que transcurre un latido de corazón. El humano se autoconcede el ejercicio de la duda, ejercicio que puede destruir sin remedio la mente de un azi, que no está programado para dudar.
Esa misma duda que humanizó a Descartes, es la que finalmente desequilibra la balanza. Eternizarnos a través de nuestra mente transferida a una carne renovada no es la solución. Parece tentador pero la lección puede ser terrible porque, ¿quién quiere repetir eternamente sus errores?
Mónica Sacco











miércoles, 9 de enero de 2008

HERMANAS DE LA FURIA


Ah, Dionisios! Has abierto en mi pecho un espacio, y soplan vientos divinos...!

Bendíceme. Dame carne rosada para mi paladar, anuda tu cabello al cuello de mis hijos.
En la noche crece la luna y mi cuerpo es la única guía. Echo espuma por la boca mientras expulso mi corazón.

Empújame. No dejes mi pie sin el arco de tu salto. El cielo ha cambiado de lugar y es irresistible este abismo vertiginoso.

Canto y bailo la danza de Sémele. Atrás ha quedado la inocencia virginal, la serena mirada de madre. Mi desnudez es sinuosa como una serpiente y mi cría es de lobo: a dentelladas ocupará su lugar en el mundo.

De la tierra brotada, la vid y sus racimos son ofrenda. La sed urgente embriaga del vino primero.

Hermoso dios: dame tu máscara y tu cuchillo, la matanza será sagrada. Tendrás mi sangre en tu copa, mi fruto en tu bandeja.

Dones de tu cortejo: jubilosa, yo soy una, y soy todas.




A la mañana siguiente


La fresca brisa me despierta mientras la luz va dibujando lentamente formas y colores en el velo oscuro de la noche. Mis hermanas duermen y el monte está silencioso. Es la hora de la quietud, como si algo hubiese sucedido.

Aún paladeo el sabor del vino en mi lengua. Con los ojos entrecerrados busco la cabeza de mi hijo, tendido a mi costado. Pero algo empapa mis dedos, que no avanzan más allá del cuello...

Estremecida, cubro mi boca con el silencio del espanto...¡Sácame, Dionisios, de esta pesadilla...!
Mi niño, mi tierno amor, el tajo ha sido certero. ¿Pero quién...?
Obsceno, el cuchillo asesino ha quedado a su lado, como si de un guardián se tratase. ¡No juegues, Hades, con mi corazón...devuélvemelo! No arranques mis brazos (ya no abrazaré...), mis piernas (no caminaré...). Sólo tengo mis ojos, faros inútiles en tu tiniebla.

Desde el fondo de mi memoria avanza una mano. ¿La mía...? Brilla sudorosa, mientras mi cuerpo se contornea al son de una música desconocida. La pelea es inminente. El león, pronto a atacar, dibuja su zarpazo en el aire.
Alguien arroja el puñal y mi mano lo toma por el mango. El peligro apura la destreza y acierto al cuello. El rugido es final y la bestia cae a mi lado. Salvada, me arrodillo ante ti, mi dios, y bebo la sangre del sacrificio...
La escena se desvanece en ese punto, como si fuera suficiente tanto recuerdo para mi tragedia.


Vano es mi llanto, vano el cubrir de besos el rostro tan amado. El sol duele en el cielo: alumbrar el horror es una misión cruel.
Mis hermanas han huido despavoridas y hemos quedado solos.

Hijo de ojos vacíos: perdóname.

Y tú, mi dios, que te agitas en mi interior con el viento de la locura, derrama tu piedad sobre mi cabeza, bendíceme con tu rayo, disuélveme en la eternidad.


Liliana Piñeiro




martes, 11 de diciembre de 2007

VALIS: DIONISOS RELOADED


SIVAINVI (Sigla de Sistema de Vasta Inteligencia Viva) nombre
tomado de un Film norteamericano. Perturbación del campo de
la realidad por el que se crea un vórtice negentrópico
autocontrolado y espontáneo que tiende progresivamente a
subsumir e incorporar su medio para transformarlo en
estructuras de información.



1_ Solo hay una Mente, pero en ella subsumidos dos principios contienden

6_ El Imperio nunca tuvo fin

12 _ Los Griegos conocieron al Inmortal como Dionisos, los Judíos como Elías, los Cristianos como Jesús. Cuando un huésped humano muere, él se traslada, de modo que no es nunca atrapado ni muerto…

13_Dijo Pascal: “toda la historia no es sino un hombre inmortal que aprende de continuo”. Se trata del Inmortal al que veneramos sin conocer su nombre. Vivió mucho tiempo atrás pero aún sigue vivo. El Apolo Capital está a punto de regresar. El nombre cambia.

22_Llamo plásmata al Inmortal, porque es un modo de energía, es información viviente Se duplica a sí mismo no a través de la información ni en información, sino como información

29_No caímos por causa de un error moral, caímos por causa de un error intelectual: el de considerar como real el mundo fenoménico. Por tanto, somos moralmente inocentes. Es el Imperio en sus múltiples disfraces el que nos dice que hemos pecado. El Imperio nunca tuvo fin.

30 _El mundo fenoménico no existe, es una hipóstasis de la información que procesa la Mente.

34_Perdimos la capacidad de leer el lenguaje de la Mente en alguna época primordial, nos han llegado leyendas de esta caída en un modo cuidadosamente redactado. Por “redactado” quiero decir falsificado. Sufrimos el desconsuelo de la mente y lo experimentamos inadecuadamente como culpa.

52_Pero por debajo de todos los nombres , hay un solo Hombre Inmortal; y nosotros somos ese hombre.

Tractates Cryptica Scriptura – Apéndice de Sivainvi
(Extracto)
Philip K. Dick

domingo, 25 de noviembre de 2007

FRAGMENTOS DE UN POEMA IMPOSIBLE





los ojos encendidos de una orfandad que hoy es la mía

padre estás volviendo a casa
padre estoy volviendo

padre qué nos has traído

de niño me asustaba pensarte solo y perdido
hoy que yo estoy
solo y perdido

quién soy padre rilkean heart san francisco
asís mismo tu hijo de corazón salvaje

debo nombrarte para aprender a perderte
debo nombrarte para aprender a ganarte

sigo buscando mis límites
qué nos cansamos de no decirnos
qué nos cansamos de no hablar

carga en tus brazos el niño que fui
yo sostengo ese cuerpo cansado
desde el hombre que hoy no está
cargo en mis brazos al niño que fuiste

en quién hablo cuando callas
padre color de ojos indescifrable


Javier Galarza.
http://morirenlaciudadyvivirenelintento.blogspot.com/


foto: Padre e hijo - Paco Espinoza

domingo, 4 de noviembre de 2007

Francisco "Paco" Urondo: AMOR Y REVOLUCIÓN


Carta abierta (fragmento)

Querida mía, esto que debió ser una conversación
serena o quieta, un reencuentro en un bar, como hacen
los amantes ya desavenidos; un lugar cualquiera bajo el sol,
cobijando del relámpago y el viento, un sitio
en el mundo para recibir una carta o conversar de algo
que, sin duda, siempre quise decirte
secretamente, sin testigos y que ahora se convierte
en una pública confesión, sin ninguna
intimidad. Una oda o una elegía, no
lo sé bien; palabras
con significados ciertos
o melancólicos, que representen nuestro destino
y hablen por nosotros y tiemblen antes de desaparecer.

Trepidaremos ligeramente frente a la sola fachada
del recuerdo, junto a los graznidos
inocentes, los graznidos impensados, los lindos
graznidos, los ásperos y filosos de la realidad.

Quería hablar a solas y solamente de nosotros. Admitir,
abrir la bondad; olvidar
por un momento que el orgullo bate
la mayoría de nuestros ademanes, incluidos
los miserables o los insignificantes. Ah mi viejo amor, hablar
de estas cosas es abrir una mano que hasta ese momento
era un puño; la mano se abre y los pájaros cubren
el cielo y el horizonte; una pluma
cae muy cerca nuestro y con alguna tristeza vemos
que algo se aleja, algo que guardábamos
en la mano cerrada, un pájaro que vuela y cubre
el espacio. Ya no hay razones para crisparse. Se quiere quejar
la mano vacía, quiere oír
y solamente la soledad la arrastra y la conmueve.
Quería poner las cosas en su lugar; hay un espacio
para cada cosa, una palabra para cada temblor, una disculpa
desencadenando toda arbitrariedad: el temor
ha proferido; ha dado aliento a la traición, pábulo
a la maravilla: tristeza
y rencor por un sueño, un gesto cálido y perdido.

Querida mía: soy un hombre que te pierde.

Así, esta carta puede ser muy bien una despedida
o una invitación para que abras ese calor que he conocido
a tu lado; esa promesa; ese amago. Es hora de tomar
decisiones; es una hora sin seducción: estamos a punto de
viajar; será
una partida en la que –a lo mejor- uno se despide del otro;
un viaje
en el que nos despediremos de muchas cosas; empezaremos
de nuevo juntos o alejados: el mar, el cielo
bajo, la condescendencia, el horror y los pozos
del aire y otros peligros
del amor húmedo y sin aire que nos secunda; este horizonte
todavía sin vida, que sólo nos espera
para vivir; esta tormenta
de verano que –por suerte- terminará por perdernos.



La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos,
aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,
como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Francisco Urondo.


Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973.

miércoles, 3 de octubre de 2007

FULGOR DEL ÚLTIMO UMBRAL



William Blake - Hécate




Fallo perfecto

Como si fuera a morir en septiembre
mis teorías muero hoy
y vivo, sanguijuela roja.

Pulcro mosaico donde soy el fallo perfecto.

¿Vamos,
vampiro,
por las trampas?
Por los misterios
individuales: alfiles sin deriva que éramos.
Los misterios
-en uno-
que desesperamos sean.

Maltratarnos, océano primario.
Malnadar azules, amigo, si el instante.

Son, somos,
en tu risa con tu risa, cadalso.


(En cursivas Isaías Garde)


Pentesilea

Se ha hurtado el casco negro y el cabello se disuelve
y la atavía.
No hay tablero más exacto.
No hay otro laurel.

Algo dicta al arte tu partícula más inútil.

En la pequeña hora,
la espada lejos del amoroso vuelo,
Héctor ha de morir
tres veces
en torno a Ilión.



Getsemaní

La tensión del pie al acuñar su sandalia
su exquisita vanidad
una y otra vez
alienta el naufragio
en nuestras noches de Getsemaní


Señor de la batalla

en tu laberinto
quise quedarme
pero la altivez se traza con sangre

anduvimos por esquinas suburbias y hoy despierto a la carcoma
la lámpara desvía la plegaria
de una orden
de la pesadumbre

la camisa esculpe un vientre y sé que está vacío

duélenme los trinos que al alba convocan,
duéleme ese nombre que no es de pájaro ni de fauno

ahora el desierto:
llevaré otro trino, no el de hoy, sabiendo esta mañana,
espejo contiguo -eras espejo-
que ya no queda cosecha para morir con mérito



Isla de noche

Llora sobre el cuerpo de un animal dormido
y nadie espera en el jardín

Las arboledas hacen silencio a su paso
y los ciruelos envejecen
incapaz la noche de abrir el azahar ya partido

No llora la palabra
no llora el llanto no llora los dedos quietos no llora la piel de la tierra
no reconoce la risa ni la piedad de aquella noche

Nadie mira esta niebla que desanda los huesos, esta palabra
que tuerce la caída
el perenne calor del hierro y la furia
la estampida de los caballos
la cascada de los dioses en Islandia

(de Playa Köchel)



Natividad de mi hermano

el mutismo
el autista
la rabia
todas las promesas
la palabra que nunca dijo
ni dice

es la navidad
la natividad de mi hermano
el árbol que renace con sus muñequitos
la
piel cancerosa
el lirio ausente

jueguen los dioses al deleite
celebren
la noche pagana
mientras
inventamos un fresno druida
que apacigüe
esta túnica
final


tu espanto
la crisálida
el enorme cielo encendido
que nos desconoce


Texto incesante

del color insomne
dije
no nos pertenece

hilo de oro, el tobillo blanco, la túnica que desconozco
tu ojiva
criatura
los leopardos que mueren en la llanura
has visto
cuando la hiedra se enamora del cielo
y queríamos el cieloy la hiedra
dijo
que no existimos


tocame el pelo
y la cintura
enamorada del muro

los pájaros
que nos dicen
no
nunca
jamás nuestra mesa
el vino
la concesión
el texto incesante

(de Texto Incesante)




Don’t disturb

Ella absorta, hijo. Y vos, absorto. Y vos, en deuda. Y ella, en aventura ininteligible. Y las noches áridas, y el espejo que ni has sospechado cuando anunció que alumbraría a un monstruo. Y las calcinadas tardes del octavo mes, no has pensado en eso, hijo, hijo, padre. Has sabido de esa palabra, si padre. Sabemos de esa palabra, si también Pandora. Una sola vez mirame, antes de la barca y antes de la horca. Antes del cartel don't disturb.



Melodrama S. XIX

No te vayas, David, ni a la France. Una década ha pasado. Rommel sobrevivió. Simón sólo el instante, el mío. Todos estamos tristes y la montaña cae. Tuve un encuentro con el conde, dijo algo de Guillermina. Mientras bebía tu café traté de recordar la turquesa mar, pero hubo una vacilación del agua, eso que se siente al abrir los ojos después del insomnio, esa zanja espesa de herida pútrida y entonces cómo discernir.Me obligo a la teoría.
Me desentiendo así del suicidio. Y entonces, Gea, la que todo lo preside, habla de un orden.
De algo, fuera de tiempo.Oye, la arena silba. Silba. Oye. La arena.

(de Chacal de Noche)



Elfo

No protegeré el campo ajeno. Desvestiré sus cosechas, el fruto del ahorcado. Sabes, no importa ni la tierra ni tu resistencia ni la mandrágora. Tal vez la arqueología luego diga de nosotros que hemos sido el estrépito a deshora. Algo así como un elfo tutelar, el murmullo que desdice la anarquía, la soledad de una rama de olivo.Estoy construyendo tu verano para el mes más cruel.

Aria

Me despido; creo que un anatomista salvará la lluvia en estos cuencos. No la mirada; pertenece al silencio. Es el espacio entre los dedos para la copa de ámbar.Soy ese pacto sanguíneo pero jamás, jamás tendré el cuerpo y una pluma para firmar.He fallado.


(de Palimpsesto)

Patricia Damiano

Textos completos en Zoopat
http://patriciadamiano.blogspot.com/