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sábado, 21 de noviembre de 2009

Hilda Rais


Hilda Rais nació el 7 de mayo de 1951 en Buenos Aires.

Integrante de UFA, Unión Feminista Argentina, 1970-1976; del Grupo Política Sexual, 1973-1974, y del Frente de Lucha por la Mujer, 1975.Miembro de la Comisión Pro Reforma de la Ley de Patria Potestad, 1979-1981Socia fundadora del Lugar de Mujer (1983), integrante de su Colectivo y coordinadora del Grupo de Reflexión sobre Feminismo, 1983-1985.Organizadora y expositora en la Conferencia Internacional Mujer y Política en el Cono Sur (Montevideo, Uruguay, 1983).Coorganizadora del área de literatura de mujeres del X Encuentro Nacional de Mujeres, Buenos Aires, 1996.Integrante del grupo Sudestada (1999-2004), Asociación de Escritoras de Buenos Aires, y coorganizadora del Encuentro Nacional de Escritoras “con esta boca en este mundo”, Buenos Aires, 2000.

Ha participado en congresos, mesas redondas, conferencias, jornadas de lectura y fue jurado en concursos literarios.Creó técnicas específicas para coordinar, en ámbitos institucionales y en forma privada, talleres de escritura para mujeres que no escriben y para la transformación del lenguaje académico en la escritura de mujeres profesionales.
Ha publicado trabajos sobre feminismo y lesbianismo, mujeres y literatura, poemas y artículos en diversas publicaciones nacionales y extranjeras.

Libros publicados:

Diario Colectivo, con María Inés Aldaburu, Inés Cano y Nené Reynoso. Ediciones La Campana, Bs. As., 1982.
Indicios, poemas. Ediciones La Campana, Bs. As., 1984.
Belvedere, poemas, Libros de Tierra Firme, Bs. As., 1990. Reeditado en 1996.
Salirse de Madre, con Alicia Steimberg, Ana Sampaolesi, Angélica Gorodischer, Cristina Escofet, Diana Raznovich, Inés Hercovich, M. Del Carmen Marini, Mirta Botta y Nené Reynoso. Croquiñol Ediciones, Bs. As., 1990.
Locas por la cocina, ficción, con Angélica Gorodischer, Virginia Haurie, Elvira Ibargüen y Ana Samapolesi. Editorial Biblos, Bs. As., 1998.

Premios:
Mención Fundación Steimberg, 19782°
Premio Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación, 1983.
Faja de Honor en Poesía 1984 de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), 1985.

miércoles, 3 de octubre de 2007

FULGOR DEL ÚLTIMO UMBRAL



William Blake - Hécate




Fallo perfecto

Como si fuera a morir en septiembre
mis teorías muero hoy
y vivo, sanguijuela roja.

Pulcro mosaico donde soy el fallo perfecto.

¿Vamos,
vampiro,
por las trampas?
Por los misterios
individuales: alfiles sin deriva que éramos.
Los misterios
-en uno-
que desesperamos sean.

Maltratarnos, océano primario.
Malnadar azules, amigo, si el instante.

Son, somos,
en tu risa con tu risa, cadalso.


(En cursivas Isaías Garde)


Pentesilea

Se ha hurtado el casco negro y el cabello se disuelve
y la atavía.
No hay tablero más exacto.
No hay otro laurel.

Algo dicta al arte tu partícula más inútil.

En la pequeña hora,
la espada lejos del amoroso vuelo,
Héctor ha de morir
tres veces
en torno a Ilión.



Getsemaní

La tensión del pie al acuñar su sandalia
su exquisita vanidad
una y otra vez
alienta el naufragio
en nuestras noches de Getsemaní


Señor de la batalla

en tu laberinto
quise quedarme
pero la altivez se traza con sangre

anduvimos por esquinas suburbias y hoy despierto a la carcoma
la lámpara desvía la plegaria
de una orden
de la pesadumbre

la camisa esculpe un vientre y sé que está vacío

duélenme los trinos que al alba convocan,
duéleme ese nombre que no es de pájaro ni de fauno

ahora el desierto:
llevaré otro trino, no el de hoy, sabiendo esta mañana,
espejo contiguo -eras espejo-
que ya no queda cosecha para morir con mérito



Isla de noche

Llora sobre el cuerpo de un animal dormido
y nadie espera en el jardín

Las arboledas hacen silencio a su paso
y los ciruelos envejecen
incapaz la noche de abrir el azahar ya partido

No llora la palabra
no llora el llanto no llora los dedos quietos no llora la piel de la tierra
no reconoce la risa ni la piedad de aquella noche

Nadie mira esta niebla que desanda los huesos, esta palabra
que tuerce la caída
el perenne calor del hierro y la furia
la estampida de los caballos
la cascada de los dioses en Islandia

(de Playa Köchel)



Natividad de mi hermano

el mutismo
el autista
la rabia
todas las promesas
la palabra que nunca dijo
ni dice

es la navidad
la natividad de mi hermano
el árbol que renace con sus muñequitos
la
piel cancerosa
el lirio ausente

jueguen los dioses al deleite
celebren
la noche pagana
mientras
inventamos un fresno druida
que apacigüe
esta túnica
final


tu espanto
la crisálida
el enorme cielo encendido
que nos desconoce


Texto incesante

del color insomne
dije
no nos pertenece

hilo de oro, el tobillo blanco, la túnica que desconozco
tu ojiva
criatura
los leopardos que mueren en la llanura
has visto
cuando la hiedra se enamora del cielo
y queríamos el cieloy la hiedra
dijo
que no existimos


tocame el pelo
y la cintura
enamorada del muro

los pájaros
que nos dicen
no
nunca
jamás nuestra mesa
el vino
la concesión
el texto incesante

(de Texto Incesante)




Don’t disturb

Ella absorta, hijo. Y vos, absorto. Y vos, en deuda. Y ella, en aventura ininteligible. Y las noches áridas, y el espejo que ni has sospechado cuando anunció que alumbraría a un monstruo. Y las calcinadas tardes del octavo mes, no has pensado en eso, hijo, hijo, padre. Has sabido de esa palabra, si padre. Sabemos de esa palabra, si también Pandora. Una sola vez mirame, antes de la barca y antes de la horca. Antes del cartel don't disturb.



Melodrama S. XIX

No te vayas, David, ni a la France. Una década ha pasado. Rommel sobrevivió. Simón sólo el instante, el mío. Todos estamos tristes y la montaña cae. Tuve un encuentro con el conde, dijo algo de Guillermina. Mientras bebía tu café traté de recordar la turquesa mar, pero hubo una vacilación del agua, eso que se siente al abrir los ojos después del insomnio, esa zanja espesa de herida pútrida y entonces cómo discernir.Me obligo a la teoría.
Me desentiendo así del suicidio. Y entonces, Gea, la que todo lo preside, habla de un orden.
De algo, fuera de tiempo.Oye, la arena silba. Silba. Oye. La arena.

(de Chacal de Noche)



Elfo

No protegeré el campo ajeno. Desvestiré sus cosechas, el fruto del ahorcado. Sabes, no importa ni la tierra ni tu resistencia ni la mandrágora. Tal vez la arqueología luego diga de nosotros que hemos sido el estrépito a deshora. Algo así como un elfo tutelar, el murmullo que desdice la anarquía, la soledad de una rama de olivo.Estoy construyendo tu verano para el mes más cruel.

Aria

Me despido; creo que un anatomista salvará la lluvia en estos cuencos. No la mirada; pertenece al silencio. Es el espacio entre los dedos para la copa de ámbar.Soy ese pacto sanguíneo pero jamás, jamás tendré el cuerpo y una pluma para firmar.He fallado.


(de Palimpsesto)

Patricia Damiano

Textos completos en Zoopat
http://patriciadamiano.blogspot.com/





sábado, 15 de septiembre de 2007

POESIA DISCORDANTE



El triunfo de la muerte

a Daniel Oesterreicher

mi amor murió y no en batalla
en helado lugar en argentina
sudada por la roña de tanta bala torcida
cuando abrían sus cuerpos los golpeados
y golpeaban sin vencer pateaban
contra el terror la vida
se volteaba
punzando las blancas espadas advirtiendo
la mosca en el hombro austero y asesino
mi amor se alzaba

cebada suerte loca entraña aguijón absurdo
me atan el pensar desamparan

en trelew, la maldita, en una carretera,
en alegre viaje, con viento y abedules,
entre amigos murió, sin ver la Parca.
la muy artera me ha ceñido la cintura
y doblegóme las fuerzas
es una burla atroz: no te hubieras reído

murga de sirenas y no hay batalla
en trelew

¿sin batalla, mi amor, contra el impacto?
¿hubo tu pierna tensa, un empujón, una ventana abierta,
las manos en la cara, un brusco girar,
hacia la banquina desierta? ¿un pestillo arrancado,
el viento en la nuca, una palabra a medias, el vigor
vencido, al filo del futuro? ¿un nudo blanco,
tenaz, contra el vacío? ¿la presión de tu cuerpo,
de golpe la vida entera, sobre el metal más frío,
una trampa, el fin idiota? ¿un miedo animal,
una última batalla, el miedo visceral, mi amor, mi dulce niño?

el tajo es grande y mi alma tan pequeña

(No sabe el mundo la bárbara mueca que le tumba el rostro)





(si venían...)

si venían a traer los panes
los panes eran buenos
y abríamos la boca leve de la fiebre


son dos manos desnudas, tan desnudas

En toda esa saciedad, urge una desgracia.
Deslizado en sábanas pulcrísimas piensa un infeliz.
En dulces nalgas piensa, sólo esa victoria.
De sus leales blancuras surgen animales sin suerte.
Arrancar un sueño para sí, esa violencia.
Atrapa un insecto. Muy cerca de sus ojos lo lastima.
Le quedan reflejos azules, pedazos de ala.

(A mano alzada,1986)


porque sobre glúteos blancos quién liquidaría
su pasado veraz
la breve aguja
vuelven del asceta y el amante
sensitivos

entonces en cuatro patas, a la hora del poniente, a azucarar
los brotes

°°°

refiérase despacio y tono tibio a poco fuera de la silla o taburete
con verbos delicados, que no falle, que se engañe,
que le pisen

(Vida interior de la discordia,1994)


el miedo y la resaca del miedo
engrosan el silencio

heme testigo de un cepo

°°°

ah si tuviera de su lado las órdenes y la miel
qué no valdría
pondría las palabras en hilera
de tres en seis
¡y que caiga la hojalata!
ésta por vegetal y aquélla por ramplona y ésta por danzar y ésa por sierva
así el mundo es vuelto a ser mundo hospitalario

(Bastardos del pensamiento,1997)
Laura Klein

miércoles, 8 de agosto de 2007

COMARCAS DEL PASO FURTIVO

(los amantes II- r.magritte)

HABEAS CORPUS

cuerpo
ve los gestos exhaustos del amor
cuerpo
escancia el blanco
en torno a tus versos
crezca
el vacío en torno a ti

(tus textos
tus texturas
tu textualidad)

date a callar
a tu silencio
cuerpo
tu que tiemblas
tu
que sabes
temblar



LLEVA MI TEMBLOR HACIA TU SIEMPRE

acalla el pudor de las estatuas
riela los trenes del olvido
da óxido niebla nube memoria
da puentes para mis botas
lleva mi temblor hacia tu siempre
lleva mi temblor hacia tu nunca
obscena como la aurora
desnuda tormenta andenes
destíname a mi nada
llévame a tu siempre
acalla mundo bajo trenes
puente invierno boca aliento
lleva mi temblor

hacia tu siempre
revoca mi mandato de sombra
destina la palabra a su final
lleva mi temblor hacia tu nunca
(lumbre tu noche
sobrevive a la que duerme)

acalla mudo mundo nicho lluvia disolución
piel vagones corazón noche pudor estatuas
vendaval disposición tormenta
dame otro devuélveme otro
lleva mi temblor hacia tu nunca

siempre



TU EXTINCIÓN

habitaré
tus colores
tu extinción
(
la sangre
me dice?
me dice la piel?
en quién callo cuando
no me hablas?
soy donde no me
pienso?
)
vamos
habitaré tu dicha
tu extinción
muere hasta la última
muerte
lejana en lo inmediato


INTERPELACION

tenemos la dimensión de
las preguntas que nos hacemos
eso que nos interroga
desde lo que se retira
fundándonos


COORDENADA

aún me pides que te dé
todo eso que no tengo
todo eso que no soy:
mi dimensión de olvido y vendavales
sin coordenadas de rescate


ANHELO

quiero aprenderme sin tu miedo. abarcarte.
detestarte de una buena vez.
quiero temerte sin culpa. odiarme hasta el desmayo.
llamarte. no entenderte.
quiero olvidarme sin tu sueño.
perdonarme con pudor. pensarme sin tus ojos.
vivir sin tu deseo. quiero de una buena vez
ya no saber tantas cosas. perderme.
encontrar lo que perdí sabiéndolo perdido.
para siempre.


NECTAR

en los viñedos solos — bajo la luna de los magos—
aprendimos el silencio

(como néctar tu boca
devastó la soledad de mis comarcas)

en mi tierra las heladas— el invierno inhóspito—
(hibernar donde los milagros llegan tarde)

oh sombra de lo no acontecido
caminos de mis posadas sin señales de retorno


SALEM

era el alba -acaso- la claridad posterior
a la noche de los colgados, irrupción de luz
sobre los cadáveres de esas mujeres
que pendían de los árboles, cuerpos
de hechiceras al viento aterrando a los niños
en nombre de la cruz?
era la claridad perturbada por la imagen
de los cuerpos profanados
la brutal exposición de las ajusticiadas expiando
los pecados de la aldea, las dueñas de pócimas y manzanas
las brujas, sus escobas?
eran estas mujeres arrebatadas a sus lechos,
a sus solterías y excomuniones, a sus pecados,
a la difamación, a las mentiras de los niños,
los calderos, los secretos de las hierbas del bosque
el miedo de los hombres?
qué magia evitaría el otoño de sus lapidaciones
qué cabelleras sobrevivirían a los cuentos
qué pudor podría redimirnos
qué escobas qué escondrijos de la noche
qué oscuros acertijos qué lugar


DIVISIÓN DE BIENES

intentaré no hacer ruido con mis zapatos
cuando el sentido del mundo se cierre sobre mí

dormida como el invierno
estás viajando lejos

qué palabras voy a inventar para llamarte?

sobre nuestra extranjería el cosmos
extenderá su incertidumbre:
un movimiento entre astros que colapsan

entre las cartas aún cerradas
todo susurra amor y perdón

aún así nada nos enseña la distancia y el olvido

(¿qué palabras voy a inventar para llamarte entonces?)
(¿qué palabras voy a intentar?)


GESTUALIDAD

necesito algo del orden de tu mímica:
esos gestos que te visten y desvisten.
tus juegos, tus mentiras.
si, creo que necesito eso:
deslumbrarme en la ostentación
de tus carencias.
algo del orden de los ademanes
y palabrerías que te velan.
buscar la verdad allí: donde no estás.
para aprender a no saberte intuyendo
que permanecerás por siempre en
lo no dicho.
en la dimensión inasible de las
insinuaciones.
así: como apenas susurrada.
bella evasiva inmaculada confusa y
resguardada en tu secreto.

MONTAJE- VERSIÓN DOS

tiendo puentes sobre el vacío
trazo las coordenadas de mi fuga
me doy como una barca a las olas del mundo
invoco los nombres esenciales
viajo en temporalidades y temporales
viajo me llevo
me
lluevo
viajo
me transporto

viajo
- sombra- oh mi sombra- detenta tu sonar en la noche

oh tenue luz de los umbrales
detenta tu sonar en la noche

detenta tienta intenta tenme deténme

navego a través de vendavales con la insignia de mi luz

(plegaria bajo la llovizna del mundo
donde un corazón intentará los milagros)

(susurro mudo de un cuerpo
que no sabía que lo buscaban)

oh omnipresente
rumor de lejanías y ajenidades y otredad y vaguedad

tiendo puentes trazos trazas viajo me llevo delineo soy de la magia
del viento de la noche en los caminos de los brazos de la amada de
la tierra que me llama. no hay certeza en buscar sólo caminos que se
extienden. no hay refugio en las promesas poco más que este ensueño
que anhela la dulzura del cosmos

detenta alas sonar insignia vendavales puentes cuerpo milagro temporal
anhela cosmos llovizna plegaria caminos corazón refugio lejanía otredad
canta
canta
canta oh canta o encanta nos muda luz del gesto silencioso


Javier Galarza

domingo, 22 de julio de 2007

CLASE 1945


Diet


Era su propio
y único padre
Él lo enterró
Lo juro:
87.000 gramos
de una impenetrable

gelatina.

*************

Siniestra


Mi mano de 11 años de edad, diestra, se estuporiza:
lo que mi amiga de toda la vida, Eufemia
mientras merendamos solos en su casa
tiene y no tiene
son recién cumplidos 13 años
y bombacha

Que lo afirmen los dedos de esa mano:
se le fue la infancia a mi amiga
¡oh, su néctar!
*************

Aprovechamientos

A la tía la asaltábamos en su pieza
cada sábado después del mediodía
sus sobrinos
Púberes, adolescentes
sin adultos en la casa
jugábamos a que era nuestra
a que la tía nos estaba destinada
Aprendimos en ella
nos adiestramos
los dos hermanos y el primito
Estimulada así la tía
casi muda nos daba todo
en su delicado estupor
A su manera aguardaba
y se concedía sus raciones de vértigo
Manuable, dúctil nos complacía
en familia
Mi primo sobreactuaba para no derrumbarse
alardeaba de sádico
y me parece que estaba
caliente con mi hermano
A los tres en fila nos mamaba la tía
La mía se la dejaba más tiempo en la boca
Mi primo se aferraba la suya
él dirigía la batuta
y la descargaba antes que nosotros

Mi hermano fue encontrado
un jueves después de medianoche
sodomizando a la tía
Cegado, papá, el histórico
fornicador de su hermana
los acuchilló
Mi primo y yo nunca recordamos
estando juntos
a esos muertos
Dejó secuelas:
él se hizo striper
y yo
coleccionista y usuario de italianas
suecas, taiwanesas, mucamitas indias
embarazadas africanas, cadavéricas
muñecas inflables.
*************

La Corona complica

Esquivaría las formalidades
como un mortal cualquiera
si no tuviera que adiestrarme para Rey

La enoja mi recelo
a la nueva delfina de Francia
No sabría qué hacer con esa rubia

Prefiero al herrero con el que lucho
Es más fuerte que yo
Y me enseña.

***************
A mi amigo
Inspirado
mi amigo cumple
en mi culo
su misión

mientras en el espejo
del adusto roperito
de mis padres

se incentiva vigilando
su propio
culo.



*************

Comercio


Unas palabritas embaucadoras
en mis encantadoras orejitas

Fugaz el frotamiento en las escaleras del edificio
contigüo a mi escuela

Pongamos que fueron cincuenta
los centavos que acepté aquella noche
veraniega en Liniers

Precoz la eyaculación del pobre transeúnte
o vecino.
*************

Fascino


Los fascino con el tamaño
los alarmo
los reviento

Lo mío es, en ocasiones
-con fajada-
definitivo.
*************

Buen cliente


Expeditivo, lo trabaja

A sus requisitorias
no me presto:
sí me vendo –50 pesos-
por un rato

Indaga mi culo
y obtiene el vencimiento
de su interés.
*************
Márgenes

No puedo
sino
huir

Mi salvoconducto
es un kilo
de esta mierda

La noche
me va a calzar
como un ambo
de confección

En la otra margen
seré también
un soldado.
*************

Quererlo todo


Yo tenía un voraz medio hermano
banquero, financista, en mi última pesadilla
y le reprochaba:

“Vos lo querés todo:
el chiquero interplanetario
los inconmensurables beneficios
la casita en Belgrano
y un vistoso ejército de negros que te abaniquen!”

Y entonces él me regalaba
acallándome
la casita.
***************

Clase 45


Cantando bajo la lluvia de la ducha
soy Sandro
Habiendo yo nacido en Aries
soy tan de fuego como él

Examinados juntos para la colimba
sólo él firmaba autógrafos
en calzoncillos

Pasan las décadas y retiene
a ¡Rosa, Rosa! en los escenarios
pero la más codiciada Rosita de mi barrio
me tiene a mí

Sandro con sus fans
yo con sus discos
Cada cual con su vigencia
y achaques.
************

Esto no puede


Esto no puede estar sucediéndome
acabemos, señores, con esta insurgencia

Esta bella espada medieval
no puede estar atravesándome
de lado a lado
Esta cabeza introducida sin mi autorización
dentro del horno de mi propia cocina a gas
no puede ser la mía
Señores, acabemos con este guión

Esta botellita de Fanta
no puede estarse también introduciendo
en mi anillo anal
¿Qué tiene de jocoso?

Estas tenazas perfectas no pueden estar retorciendo
los verdaderos, únicos dedos
de mis manos.
*************

Daría lo que soy, etc.


Nadie
ha querido jamás
tanto a Analía
como yo la quise
casi

Soy
quien ha batallado inclaudicablemente
en pos de la obtención de las más altas reivindicaciones
casi

Daría mi fortuna
y hasta la propia vida
apenas me las reclamaran
para justas causas
casi

Analía
me ha querido tanto
tanto pero tanto
como yo la quise
casi.
**************

Continentalmente


Lincharon a mi padre
Los ingleses lincharon a mi padre
Todos los ingleses lincharon a mi padre

Raptaron a mis hijos
Los italianos raptaron a mis hijos
Todos los italianos raptaron a mis hijos

Encarcelaron a mis hermanos
Los españoles encarcelaron a mis hermanos
Todos los españoles encarcelaron a mis hermanos

¿Es una provocación?

Difamaron a mis amigos y a mi madre
Los portugueses difamaron a mis amigos y a mi madre
Todos los portugueses difamaron a mis amigos y a mi madre

Ultrajaron a mi esposa
Los alemanes ultrajaron a mi esposa
Todos los alemanes ultrajaron a mi esposa

Me expulsan
Los europeos me expulsan
Todos los europeos me expulsan

¿Por qué no cuajo en el Viejo Mundo?
*************
Rolando Revagliatti
Ver su frondosa producción en:

domingo, 15 de julio de 2007

SALTOS SIN RED



EL TELEVISOR NUEVO



Miró a su marido en éxtasis frente al televisor nuevo, desmesurado, que les había costado poco menos que una hipoteca y por el cual estarían pagando cuotas durante dos años. Los parlantes estereofónicos hacían temblar los vidrios del cristalero heredado de alguna abuela, único mueble con algo de historia en esa casa que había sido su prisión por casi un cuarto de siglo. No necesitaba ver el contenido para describirlo: cinco platos playos y cuatro hondos de lo que había sido un juego para doce personas; tres copitas de licor de color azul y otras dos, verdes; una tetera de porcelana con el pico roto, pero que se negaba a tirar porque le gustaba; ocho copas para vino tinto de distinto tamaño y origen (las de vino blanco hacía rato habían pasado a mejor vida); seis compoteras de vidrio, con florcitas pintadas; una sopera sin la tapa. Algún portarretratos con fotos de chicos, adornos baratos y una mala imitación de un Lladró.
El mueble resumía su vida y cómo le había ido en ella. A ella le hubiera gustado comprar uno nuevo, brilloso, bajito, con cajones y puertitas para preservar el deterioro de la vajilla de miradas indiscretas. O el lavarropas automático, sueño inalcanzable que las puyas maritales habían convertido en entelequia de una mente enfebrecida por la ambición.
Tan ensimismada estaba que su marido tuvo que aullar dos veces pidiendo el mate, antes de que ella se diera cuenta de que le estaba hablando. Se lo alcanzó y él tanteó el aire para agarrarlo, sin despegar los ojos de la pantalla monstruosa que transmitía la previa al partido.
- Está frío,- se lo devolvió brusco.
- Bueno, voy a calentar el agua. De paso le cambio la yerba.
El gruñó y se acomodó en el sofá veterano de varias campañas. También podrían haber comprado un juego de sillones. No muy grande, claro, porque no entraba, pero un sofá chiquito y dos silloncitos lindos con tapizado floreado, como había visto en la mueblería de la avenida. ¿Hacía falta un televisor nuevo, tan grande? Él se había puesto furioso. ¡Ella no entendía nada, nada!
- ¡El mundial se juega cada cuatro años y la tipa quiere verlo en un televisorcito de mierda!
La discusión había ido subiendo de tono hasta el clímax habitual. Ella se había quedado en casa con hielo en el ojo y él se había ido a la casa de artículos del hogar a comprarse el televisor. Ni siquiera esperó a que se lo mandaran y contrató un flete para traer al monstruo. Bajarlo de la camioneta junto con el fletero renuente que se quejaba de una hernia adquirida con el sudor de su frente fue una hazaña homérica. Había tenido que dejarlo en medio del piso del comedor porque la agitación le había ganado la cuerda y resollaba como un buey cuando se desparramó en el sofá desvencijado.
Le había pedido la sublingual a los gritos y ella había corrido solícita, con la tirita de pastillas. Él tomó una y después otra, y ella se asustó. Le preguntó si se sentía bien y él le contestó que no le rompiera las pelotas y lo ayudara a acomodar el televisor, ¡lechuza de mierda! Ella corrió a sacar el aparato viejo y de miserables veinte pulgadas, esquivando hábilmente el tortazo.
Desembalaron la maravilla de la tecnología y la pusieron en la mesita del televisor defenestrado; la pobrecita asomaba penosamente ridícula debajo de la mole faraónica. En un gesto de generosidad, él le dijo que podía llevarse la tele vieja al dormitorio. Así no lo jodía con los partidos, ¡lechuza! Las cajas del embalaje quedaron en un rincón a modo de monumento a la basura generada por la tecnología moderna.
En la cocina, cambió la yerba al mate y puso agua fresca en la pava. Mientras esperaba, revisó las cajas de medicamentos alineadas en la mesada. El hipotensor, el betabloqueante, la sublingual, el miorrelajante, el sedante. En un rinconcito de la alacena, escondidos detrás de la lata de pan rallado, estaban sus antidepresivos. Si él se enteraba de que los estaba tomando, la molía a palos. ¿Para qué mierda los quería? Si estaba más sana que un toro. “O que una vaca, je”, se burlaba. Los tomaba para joderle la vida, porque le gustaba estar enferma y no sabía de qué y entonces inventaba. Sufrir del corazón, eso era estar enfermo, se enorgullecía. Y que revisara bien la fecha de vencimiento, como le había dicho el cardiólogo, que ella era medio pelotuda y por ahí le daba un comprimido pasado. "Un medicamento vencido no tiene efectos terapéuticos, así que fíjese bien cuando los compre, señora". Obediente, ella siempre revisaba las fechas. Hasta las anotaba, para no equivocarse.
- ¿Y…?¿El mate? ¡Dale que está por empezar!
- Ya voy.
Rezó un padrenuestro, dos, tres. El himno nacional brotó triunfal por los parlantes estereofónicos, ella se persignó y apagó la hornalla. Delante del televisor, él estaba de pie, tembloroso, mientras modulaba hipnótico las estrofas patrias. Ella se asombró de los milagros que conseguía el fútbol y por las dudas se quedó parada, no fuera cosa de ligar un sopapo por falta de fervor patriótico-futbolero.
El primer tiempo transcurrió sin más sobresaltos que los que generaba el relator, ansioso por un poco de emoción en un partido semejante.
- ¡Es la final, muchachos, vamos, pongan sangre, pongan garra, carajo!- su marido se desgañitaba como un poseso-. ¡Metan pata, la puta que los parió, maricones!
Ella no se atrevía a mirar y cebaba mate con la cabeza gacha.
Casi a los cuarenta y cinco minutos, después de una gambeta magistral, la pelota pasó a medio centímetro del travesaño. El público del estadio rugió, el relator estuvo a punto de ahogarse de la emoción y su marido saltó del sofá gritando el gol que no había sido e insultando a todos los familiares, amigos y deudos del jugador en cuestión. Cuando se sentó, jadeaba y se agarraba el costado izquierdo.
- ¡Qué pedazo de hijo de puta, podés creer, errarle así, así!- y separaba el pulgar y el índice derechos un centímetro. - ¡Así, así!- seguía gritando, pero no se soltaba el costado izquierdo. Ella desvió la mirada. No quería que él leyera en sus ojos y se fue a la cocina con el pretexto de traer los bizcochitos.
- ¿Caliento más agua?
- No, que me dan ganas de mear y me va a agarrar el segundo tiempo.
- Bueno. Me voy a hacer un té.
Preparó la taza de té con parsimonia mientras murmuraba otro padrenuestro. Dudaba si acompañarlo con un avemaría cuando lo escuchó salir del baño. Seguro que ni había levantado la tapa. Se asomó para verificar la presencia de las gotitas delatoras y descargó el tanque para que se llevara la evidencia.
Volvió a su puesto con la taza de té y la bolsa de bizcochitos en el momento en que el árbitro daba inicio al segundo tiempo. Los bizcochitos desaparecían con progresión aritmética y las puteadas crecían con progresión geométrica a medida que pasaban los minutos y no había señales de actitud goleadora por parte de la selección blanquiceleste.
A los treinta y tres minutos, un Aquiles nativo, un cruzado, un Galahad, inscribió su nombre en la gloria con un gol. La pantalla del televisor se cubrió de papelitos, el barrio entero estalló en un único clamor y su marido saltó encima del sofá para gritar mejor, más alto, más lejos, mientras se agarraba el costado izquierdo con las dos manos.
- Sentáte que te va a hacer mal.
- ¡Calláte, lechuza de mierda! ¡Andáte a la cocina, querés!
La prudencia aconsejaba retroceder y así lo hizo, pero se quedó en el comedor, vigilante. A los cuarenta y cinco minutos treinta segundos, un gol de los contrarios planchó las esperanzas de treinta y ocho millones de argentinos desesperados por ser los primeros del mundo en algo más que inflación, corrupción y desempleo.
-No lo puedo creer, no lo puedo creer - , murmuraba su marido en una letanía de sufrimiento agónico.- Qué manga de pelotudos, pero dónde estaba ese arquero de mierda, no lo puedo creer, no lo puedo creer...
El árbitro, implacable, adamantino, pitó el final del partido y el inicio de la segunda parte de la sesión de tortura. Dos tiempos de quince minutos y si no había definición, los penales. La posibilidad de los penales la hizo estremecer y sintió que el sudor le brotaba frío de las axilas y la espalda.
- ¿Querés que te haga un tecito?
Él la miró asesino y durante un parpadeo, ella creyó que se soltaría el costado para tirarle una piña.
- No. Hacé un café. Dale, antes que empiece el alargue.
No le dijo que el café lo pondría más nervioso. Tampoco le recordó que el cardiólogo se lo había prohibido. ¿Para qué? No tenía ganas de irse a la cama con los huesos apaleados y no poder dormir por el dolor.
- ¿Le pusiste azúcar? - preguntó él cuando le alcanzó la taza.
- Dos cucharadas.
El primer tiempo del alargue transcurrió entre ansiedades, gritos y puteadas y sin goles, igualito al segundo. Las patadas parecían calcadas y los expulsados, uno para cada equipo, también.
- ¡Se vienen los penales!- anunció el relator con voz estrangulada por la emoción.
Ella lo espió sin levantar demasiado la cabeza para que él no se diera cuenta: estaba rojo; la vena de la frente le culebreaba desde el nacimiento de la pelambre exigua hasta las cejas tupidas; el cuello de toro estaba hinchado y violáceo y por la camisa entreabierta asomaban los pelos ralos y blancos del pecho, que se agitaba brilloso de transpiración. Casi cedió al impulso de preguntarle cómo se sentía y si no quería la sublingual, pero su instinto de supervivencia le cerró la boca y la mantuvo sentada y quietecita en su lugar.
Para no tentarse, clavó la mirada en el piso de parquet desparejo y astillado, repasando el lustre desvahído y los agujeros del plastificado. Podríamos haber pulido el piso y arreglado las sillas del comedor con lo que gastamos en ese televisor. Y encima hubiera sobrado plata. La voz seca del relator le informó que del otro lado del planeta festejaban "su" primer penal. Quién sabe, podríamos haber pintado. Apretó los dientes para no largarse a llorar. Tres minutos después, todos sus pensamientos decorativos quedaron ahogados por los festejos del primer penal argentino. Otro penal convertido, otro alarido cósmico. Y el tercero. De "ellos" y de los "otros". Tres a tres y faltan dos, contabilizó. No quería mirar y se fue a la cocina. Se obró el milagro: los "otros" erraron el tiro.
- ¡Dios es argentino, carajo, vamos todavía!- él resoplaba y ella se escondió detrás de un vaso de agua. El grito de desesperación la hizo salpicarse. Se asomó justito para verlo llorar, putear y retorcerse de rabia y de dolor.
- ¡Ese pelotudo erró el penal, podés creer, no, si es un paralítico hijo de mil putas, habría que cortarle las piernas, es increíble!
Lo vio vacilar, frotarse el brazo y el hombro izquierdos, pararse y volver a sentarse, abrir la boca en una mueca sardónica, con los tendones del cuello estirados como elásticos a punto de romperse. El vaso de agua le tembló en la mano. Los "otros" se preparaban para el quinto penal. El arquero argentino voló hacia el ángulo exacto en el momento preciso, como un ángel, y detuvo el objeto infernal, anatemizando el gol.
- ¡Qué grande que sos, papá! ¡Sos Dios, maestro, ídolo, te van a hacer un monumento!- pero él ya no tenía más voz y las palabras le siseaban entre los dientes. Ella no podía, no quería mirar y cerró los ojos muy fuerte, hasta que vio estrellitas.
Entonces, el universo se llenó de voces que gritaron el gol. El último, el único, el que los consagraba campeones indiscutidos e indiscutibles y les compraba la gloria hasta el siguiente campeonato. Abrió los ojos para ver que ese gol también le compraba la libertad. En la pantalla y en la calle, nevaban papelitos. Los bocinazos los oyó a través de una muralla de algodones. Él la miró por primera vez desde que comenzara el partido y ella le vio la muerte en los ojos enormes, en la boca abierta y muda; en las manos que agarraban el costado izquierdo inútil y traidor. Él intentó levantarse pero se escurrió de cara al suelo con un ruido blando. Una mancha comenzó a oscurecerle los pantalones gastados y el parquet.
Sin atreverse a respirar, ella se acercó despacio. Se agachó y le puso dos dedos en el cuello; después corrió hasta el teléfono y llamó al SAME.
Los hombres de verde se miraron y negaron con la cabeza.
- No hay nada que hacer- dijo uno y enarcó las cejas.
- ¿Estaba tomando alguna medicación?- preguntó el otro y ella le contestó que sí y le llevó todas las cajitas de medicamentos.
- Ah, bueno, el hombre tenía un cuadro severo.
- Y sí, doctor, hace ya como seis años que se trata. Que se trataba, bueno- y aguantó un sollozo.
- Quédese tranquila, señora. No sufrió nada.
- No, claro, los que sufrimos somos los que nos quedamos- murmuró mirando el televisor indiferente y bestial, que transmitía la alegría de los restantes casi treinta y ocho millones de habitantes. Los hombres de verde fueron gentiles: le hicieron el certificado de defunción - “causa de la muerte, infarto masivo de miocardio”-, y la ayudaron a llamar a una empresa de pompas fúnebres. Una vecina la acompañó a hacer los trámites.
Dos días después del entierro, regaló la ropa de él. Sacó todos los comprimidos de las cajitas de medicamentos, los tiró al inodoro, hizo correr el agua dos veces y bajó la tapa. En la alacena, atrás del tarro del pan rallado, escondidas con los antidepresivos, estaban las tiras de comprimidos nuevos y sin abrir, compradas en la farmacia de la otra cuadra a lo largo del último año. También las tiró, aunque le dio pena, porque alguien que las necesitara podría haberlas aprovechado.
Después, llamó a la casa de electrodomésticos para negociar el cambio del televisor por un lavarropas. No muy grande, total era para ella sola.


Mónica Sacco


Ha publicado una novela "La Grieta Mínima"
y en Transdisciplina Creativa se puede seguir la saga en capítulos
de "El Folletín del Crimen Triste" y acceder a otros cuentos de
la autora









jueves, 21 de junio de 2007

EXPIACION DE LA NOCHE




TAROT

Pero habías sido tú mismo quien pidiera ese lance de barajas, en una casa extraña. Y ellas cayeron como piedras: estaban la Papisa y la carta de la muerte, y el amor en ese lugar entre las dos que nunca sabrías alcanzar


***




Una noche de octubre se hiela el rocío sobre la hierba y queda una fina capa de hielo en las carreteras como cuando una estrella de otoño de repente se hace añicos.
Stein Mehren: Tarde otoñal (1981)


A LA SOMBRA DEL TIEMPO


Gira y gira, lenta luz a la sombra del tiempo,
gira y vuelve a ser una copia de ti misma,
vuelve como arremolinada rosa, sobre tí misma
vuelve y en tu viaje circular apenas eso, y sólo
preserva cierto instante al borde del agua clara;


sólo esta marca de sol de las horas que cubren
la herida celeste: donde sangra el costado negro
de la Historia, y ha sangrado, y nada deja de sí.
Dame una máscara blanca y la boda del cuchillo:
ahora mismo, antes que sea invierno, silencio, nada.




***
IN ABSENTIA

Padre nuestro que estás en tu sitio
de un cielo remoto, a tantos años luz
de la sangre disuelta en el polvo
de las herrumbrosas alianzas de ayer,
de la historia escanciada en pesadas
copas de uranio por gentes sin casa.


Padre de una podrida especie de simios
que cortaran en pedazos la raíz de sus ramas
y estrecharon a las putas en el templo
y elevan ahora sus himnos al oscuro
dueño de las llaves de tu reino yacente,
borroso bajo las estrellas, tan fuera del mundo.


Ni pescado ni barca, ni la sola multiplicación
de los dones se recuerdan aquí, ni la sombra
oscilante que proyecta el ojo apagado del sol.
Y arde la zarza de Irak con petróleo encendido,
los fuegos de Palestina como líneas de tu mano:
y ya nadie te lee el destino en las cartas, in absentia.


Alejandro Drewes

Buenos Aires (1963). Poeta, crítico y traductor

Moderador del Foro literario Azulypalabras. azulypalabras@yahoogroups.com
Moderador del Foro literario AERA.
Coordinador de lecturas poéticas mensuales del grupo AERA en la S.A.D.E., con Silvia Long-Ohni.
Miembro de la World Poets Society
Editor responsable de la revista AERA. www.AERArevistadepoesia.yahoogroups.com
Miembro del staff en Argentina de la revista internacional de arte y literatura Francachela

viernes, 8 de junio de 2007

PERDIDOS EN LA NOCHE


MONÓLOGO DE EURIDICE


quisiera encantarme una vez más en las melodías de tu
condenada lira
pero todo lo que digo y hago me excede está mas allá
no deja de no decirme no cesa de no escribirme a cada
instante
nada hay que me circunscriba
nada
que me limite o delimite
apenas
algo de buen dolor, perdición y magia de antaño


¿como sostendré entre mis brazos las dimensiones
de esta sombra que soy
que fui
que fuimos
todo esto que aún tiembla
entre nosotros convocando el mito y la leyenda?

Javier Galarza