viernes, 4 de septiembre de 2009

Jorge Seferis: obra poética



Memoria I
Y el mar ya no existe.

Yo no tenía más que una flauta de caña en mis manos;
desierta era la noche, en menguante estaba la luna
y la tierra fragante después del aguacero.
Yo murmuraba: la memoria, donde se la toque, duele;
apenas si hay un poco de cielo, el mar ya no existe,
lo que se mata durante el día, por carradas se lo arroja detrás de la colina.

Distraídamente mis dedos jugueteaban con aquella flauta
que me regaló un viejo pastor porque le di las buenas tardes.
Los otros han olvidado ya el saludo;
se despiertan, se afeitan e inician el día de la matanza
así como se poda o como se opera, metódicamente y sin pasión.
El dolor es un cadáver como Patroclo y ya nadie se deja embaucar.

Yo pensé tocar un aria, pero me abochorna el otro mundo,
aquel que me ve más allá de la noche, en el corazón de mi luz,
tramado de cuerpos vivos, de corazones desnudos,
y el amor, que tanto pertenece a las Furias
como al hombre, a la piedra, al agua y a la hierba,
y aun a la bestia que enrostra la muerte asiéndola.

Así avanzaba sobre el sendero oscuro.
Me volví a mi jardín, enterré la flauta de caña
y nuevamente murmuré: un día, al alba,
la resurrección vendrá;
el rocío de esa mañana centelleará como centellean los árboles en la primavera.
Y otra vez será el mar… Y todavía Afrodita surgirá de las olas.
Somos la simiente que perece. Y regresé a mi casa vacía.

(De Diario de a bordo III)

*

Poema XX

Nuevamente en mi pecho vuelve a abrirse la herida
cuando descienden las estrellas y se enmaridan con mi cuerpo,
cuando cae el silencio sobre los pasos de los hombres.
Estas piedras que se desploman en las edades, ¿hasta dónde me arrastrarán?
El mar, el mar, ¿quién lo podrá agotar?
Veo manos haciendo señas al buitre y al halcón cada madrugada.
Ligado a esta roca que se hizo mía por el dolor,
veo también los árboles que respiran el oscuro reposo de los muertos
y las sonrisas, inmutables, de las estatuas.

(De Mitología)

*

Huída

Nuestro amor era esto;
partía, regresaba, nos traía
un párpado entornado, infinitamente lejano,
una sonrisa cuajada, perdida
en la hierba de la mañana;
una caracola extraña que nuestra alma
trataba con fervor de descifrar.

Nuestro amor era esto, marchaba lentamente,
a tientas entre las cosas que nos circundan
a fin de explicar por qué rechazamos la muerte
tan apasionadamente.

Era inútil pretender asirnos a otros talles,
enlazar con pasión otras nucas,
mezclar desesperadamente nuestro hálito
al hálito de otro;
era inútil cerrar los ojos
nuestro amor era esto…
Nada más que el profundo deseo
de hacer un alto en nuestra huída.

(De Cuaderno de Estudio)


(Traducción de Lysandro Z.D. Galtier)

2 comentarios:

emeygriega dijo...

Chicas: ¿qué cosas vuelcan en el blog pricipal y en el alternativo?
Me encantan los dos pero me interesa saber de dónde surgió la necesidad de desglosar el trabajo o si los dos nacieron juntos.

Cariños a las tres.

meridiana dijo...

emeygriega: lo desglosamos cuando la entrada resulta demasiado extensa.

Queda a criterio del lector continuar la lectura

abrazo
Liliana